jueves, 20 mayo 2010

El polen nos trae la fiebre del heno

mayo_3_familia_280.jpgSi sientes picor en los ojos y la nariz, tienes estornudos y lagrimeos, obstrucción y congestión nasal, fiebre… puede que tengas la fiebre del heno, también llamada rinitis alérgica estacional o polinosis. Una enfermedad que, aunque muchos creen que llega de la mano de la primavera, también se da en verano y otoño. La intensidad con que nos afecta depende cada persona y de la cantidad de polen que se libere al ambiente. ¿Sabes que estamos hablando del trastorno inmunológico más frecuente?


Gracias al polen
¿Qué es la fiebre del heno? Alergia al polen. Las personas que la padecen, al respirar el polen que flota en el aire, producen una liberación exagerada de histaminas, causantes de los síntomas de esta enfermedad. Es decir, se trata de una enfermedad de nuestro sistema inmunológico, que por lo general nos protege de los ataques de las bacterias y los microbios, pero que en estas personas reacciona de forma desproporcionada al polen.

Las gramíneas, el olivo o la Parietaria judaica tienen mucho que ver con la fiebre del heno, y en ese orden de importancia. Otras plantas confían el polen a los insectos que las visitan y, con ello, su reproducción. Pero ellas no. Arrojan al aire su polen, para desgracia de los alérgicos.

¿Quiénes la padecen?
Muchos son los alérgicos al polen. Tanto que es la enfermedad del sistema inmunitario más común. Cerca de un 20% de la población da positivo al test cutáneo de la alergia al polen. De ellos, alrededor de un 10% tiene síntomas clínicos y un 5% recibe tratamiento.

Prefiere la ciudad al campo. Aunque parezca una incongruencia, ya que el polen en el campo la exposición al polen en mucho mayor. La respuesta la encontramos en la polución de las ciudades, según los expertos, que genera una inflamación de la mucosa nasal y de este modo facilita que absorbamos los antígenos polínicos. Es decir, aunque haya más polen suspendido en ambientes rurales, la fiebre del heno se da en muchos más casos en personas que viven en la ciudad, exactamente
el doble.

Los jóvenes y niños son los principales afectados, aunque no es difícil encontrarla a otras edades debido, justamente, a la polución y a la cantidad de polen liberado en el ambiente. El riesgo de padecer la fiebre del heno se debe a factores hereditarios y, por supuesto, a la exposición a pólenes alergénicos.

¿Quiénes hacer?
Si tienes los síntomas de la fiebre del heno debes consultar a tu médico. Él te examinará los ojos, la nariz, la garganta y los pulmones. Es frecuente
la prescripción de:

- Pastillas antihistamínicas
- Gotas para los ojos
- Líquidos pulverizables para la nariz

Si aún así, nuestros síntomas no remiten, quizás sea necesario ir a un especialista en alergias. Mediante pruebas, determinará a qué sustancia somos alérgicos y en qué medida intolerantes a ellas. Incluso, puede que tengamos que vacunarnos.

Paciencia
Una vez que los síntomas de la fiebre del heno aparecen, suelen volver siempre. Un consuelo: la severidad no siempre es la misma, dependerá del polen que liberen las plantas y de nuestra exposición al mismo. Además, entre los 50 y 60 años, los síntomas suelen remitir. Aunque, por desgracia, también hay quien sufre de rinitis alérgica perenne, es decir, con síntomas todo el año.

Consejos, más allá de la medicación
- No salir al exterior a hacer ejercicio físico a primera hora o a última de la tarde, porque significa exponerse más al polen
- Cerrar las ventanas durante la noche y colocar filtros de polen en los aparatos de aire acondicionado
- Utilizar gafas de sol
- No tender la ropa en el exterior
- Reducir la exposición al viento fuerte
- No tumbarse en el césped

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