martes, 10 enero 2012
Conservar bien los alimentos para garantizar la seguridad alimentaria
Para evitar intoxicaciones, malas digestiones y otros problemas gastrointestinales o de salud derivados de la alimentación, debemos seguir unas escrupulosas medidas de higiene en la cocina en lo que a conservación de alimentos se refiere.
La carne es uno de los alimentos más perecederos y cuya conservación en la nevera es indispensable. La de aves, la picada, y las vísceras tienen un mayor riesgo sanitario, por lo que se deben cocinar y consumir rápidamente.
La carne de caza debe pasar un control veterinario, como el que ya recibe en los mataderos el resto de carnes que se consume. Cualquier carne, ante la sospecha de olor intenso, color pardusco o una capa viscosa en la superficie, se debe desechar.
Lo mismo ocurre con el pescado i el marisco, también altamente perecederos. El fresco ha de presentar unos ojos brillantes, escamas bien adheridas al cuerpo y agallas rojas. Si no es así y además presenta un fuerte olor, nada similar al de las algas marinas, se ha de descartar. Los moluscos con concha deben adquirirse vivos.
Los ovoproductos sustituyen al huevo y eliminan el riesgo de contaminación por salmonela. Sometidos a tratamientos higienizantes, han de manipularse también con mucha precaución por su riesgo de convertirse en un caldo de cultivo de microorganismos.
Más delicados son los productos a los que sustituyen, los huevos, y los productos que lo contienen. Las claves son una cáscara limpia, intacta y sin fisuras, que habrá sido higienizada previamente. La clara ha de ser densa, transparente y limpia. La yema, tersa, abombada y en posición central.
El consumo de lácteos es muy seguro porque pasan por tratamientos térmicos como la pasteurización, la esterilización, etc., aunque los más delicados son, quizás, la nata y los quesos frescos. Es recomendable conservarlos refrigerados una vez abiertos.
Para eliminar restos de tierra o plaguicidas, es importante higienizar la fruta y la verdura mediante un buen lavado bajo el chorro del agua. Las verduras que se consumen crudas, previamente se pueden sumergir en agua con unas gotas de lejía apta para la desinfección de aguas y alimentos.
El aspecto de los vegetales ha de ser fresco, terso, sin magulladuras, cortes, agujeros o golpes, sin moho ni partes blandas. Las mejores piezas, sin duda, son las de temporada, más frescas, y con una buena relación calidad-precio.
En cuanto a los productos no frescos, las normas son diferentes pero también requieren una conservación óptima. Que, al envasarlos, generalmente, sean sometidos a procesos higienizantes no nos exime de tener cuidado con ellos.
Es el caso de las conservas y las semiconservas, cuyo riesgo sanitario es alto porque en sus envases pueden desarrollarse microorganismos que no necesitan oxígeno para vivir (como los causantes del botulismo). Desecha aquellas cuyo envase esté hinchado, con líquido turbio, oxidación o deteriorados.
La presencia de escarcha en un alimento congelado nos puede dar una pista acerca de si se ha roto la cadena de frío en algún momento. Si es así, el producto puede que no esté en las mejores condiciones. Con los precocinados conviene respetar las normas de almacenamiento, las de preparación y, cómo no, la fecha de caducidad.
19:53 Anotado en BIENESTAR, NUTRICIÓN | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: cocina, seguridad alimentaria, conservar, refrigerados, alimentos, frescos, higiene, intoxicación

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